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“Me he sentido trabajador y gandul, libre y precario, pobre y ahorrador acomodado”, rider

  • Foto del escritor: Ane Etxebarria
    Ane Etxebarria
  • 10 ene 2022
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 20 ene 2022

La pandemia de la Covid-19 ha cambiado la rutina de toda la sociedad. La mayor parte de los sectores han estado afectados por la situación de confinamiento y las restricciones impuestas por el Gobierno. Sin embargo, aunque algunas actividades se han podido llevar a cabo de manera on-line desde casa, hay empleos que no tienen esa posibilidad. Barrenderos y barrenderas, camareros y camareras, músicos y músicas, cajeros y cajeras repartidores y repartidoras y un largo etcétera, cuya situación ante la pandemia ha sido bastante desfavorable frente a la parte de la sociedad que han podido resolver, de mejor o peor manera, su actividad.



En los años anteriores a la pandemia, las personas empleadas por cuenta propia y cuyo lugar de trabajo son las calles, fueron, aproximadamente, más de 400.000, según el Instituto Nacional de Estadística, aumentando este número durante el último año antes de la pandemia de COVID-19. De hecho, en enero-marzo de 2010, la cifra llegaba a las 277.348 personas, por lo que se ha podido percibir un enorme aumento del porcentaje de empleo de este tipo en los últimos 10 años.

Se trata de una gran variedad de personas que trabaja por cuenta propia o para otras en el espacio público que son las calles. Un número importante de estas son mujeres y jóvenes. La cifra nos enseña que se trata de trabajadores mayormente informales, es decir, la mayoría de trabajadores y trabajadoras de este tipo no cotizan, no tienen contrato, ni seguro de empleo. Además, el trabajo y las empresas informales representan casi el 72% del empleo total en las economías emergentes y los países en desarrollo. Esto evidencia las fuertes condiciones de precariedad laboral que existen en la actualidad en el trabajo.

Millones de empleados de todos los sectores como transportistas, conductores, barrenderos, vendedores ambulantes y repartidores se han visto obligados a seguir con sus trabajos y sus rutinas, intentando luchar a su vez contra la pandemia y la situación de cuarentena general vivida para poder llevar sustento a sus hogares.


Debido a la pandemia de la COVID-19, nos hemos acostumbrado a pasar mayores periodos de tiempo en casa. El confinamiento por el peligro a la saturación de la sanidad pública pasó factura en nuestras vidas diarias.

Adaptamos nuestra vida al hogar dada la situación de confinamiento y restricciones que vivimos y, por tanto, comenzamos a utilizar con mayor frecuencia los servicios de reparto a domicilio. Durante el transcurso de la pandemia, los servicios a domicilio aumentaron exponencialmente por la demanda del público.

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Además, una vez visto este panorama de aislamiento social y el aumento de la demanda de

servicio “a domicilio”, muchas empresas de consumo implantaron su servicio a domicilio con la intención de mantener una actividad de trabajo sostenible aunque alejada de lo que conocíamos como normalidad.

Muchas personas comienzan a trabajar como rider fruto de la desesperación. Así nos lo ha confirmado Francisco, repartidor de 45 años de la empresa Glovo, en San Cristobal de La Laguna: “Comencé a trabajar con Glovo debido a que me quedé en el paro y no conseguí trabajo inmediatamente”. Desde la crisis económica del 2008 en España, incrementó el número de repartidores de plataformas en España. Según el informe publicado por la patronal A Digital en 2020, en España hay 29.300 perfiles de repartidores en plataformas.


Los Riders siempre han sido contratados como “falsos autónomos”, es decir, no trabajaban con un sueldo fijo. Sin embargo, gracias a la modificación de la ley aprobada por el Tribunal Supremo las compañías están obligadas a compartir con los sindicatos aquellos algoritmos que afecten a las condiciones laborales. Como recoge la ley, “ser informado por la empresa de los parámetros, reglas e instrucciones en los que se basan los algoritmos o sistemas de inteligencia artificial que afectan a la toma de decisiones que pueden incidir en las condiciones de trabajo, el acceso y mantenimiento del empleo, incluida la elaboración de perfiles".

Aunque la Ley Rider regulariza el trabajo de los repartidores, hay opiniones confrontadas entre ellos. Algunos creen que es mejor desempeñar un trabajo como autónomos y otros desean ser asalariados. La Ley Rider por su parte, reconoce a los trabajadores como trabajadores por cuenta ajena. “Me he sentido bien ya que al trabajar como autónomo soy mi propio jefe y establezco mi propio horario de trabajo”, ha declarado el trabajador, posicionándose directamente en contra de la nueva ley.


La APS (Asociación de Plataformas de Servicios bajo demanda) advierte de que esta ley pone en riesgo el desarrollo del sector que aporta más de 700 millones de euros en el PIB español. Podemos decir que la ley Rider ha sido puesta en duda muchas veces. Aunque sea una ley hecha para proteger los derechos de los repartidores, muchos de ellos no creen que eso haya ocurrido. Francisco nos lo ha aclarado: “En realidad el único cambio que hubo con la ley rider fue la manera de trabajar, ya que la ley no funcionó y mucho menos nos protegió a los repartidores”. “Con lo cual, seguimos igual o peor que antes ya que las empresas se han desentendido de nosotros y no tenemos ningún tipo de beneficio o seguridad más que la que nos podemos dar nosotros mismos”, añadió después. A pesar de que sientan que la ley no les protege, sienten que son una comunidad. Se protegen entre ellos para seguir adelante.

El proyecto, provocó el despido de aproximadamente 10.000 riders y las plataformas han ido esquivando estas normativas. Como consecuencia, los cambios han sido mínimos y solo un pequeño porcentaje de estos empleados han notado una mejora en su trabajo.

Muchos de los repartidores trabajan con diferentes empresas a la vez. De esta manera, tienen sueldos y horarios muy divergentes. El repartidor, con el DNI 43276845P, que trabaja en San Cristóbal de La Laguna nos lo confirmó: “ En ocasiones trabajaba por 3,7€ la hora y otras por 20€ la hora. Por otra parte, algunas semanas trabajaba 16 horas y otras 72”. Por lo tanto, es evidente que no es un trabajo económicamente estable, mucho menos si hablamos de estabilidad emocional. “Así que me he sentido, trabajador y gandul, libre y precario, pobre y ahorrador acomodado”, añadió el repartidor.


A causa de la nueva ley ha habido numerosas manifestaciones de riders alrededor del país. La última tuvo lugar en Asturias, una multitud de repartidores de comida a domicilio se movilizaban en Gijón para protestar por el incumplimiento de la ley “rider” aprobada por el gobierno hace varios meses. Estos repartidores denuncian que, aunque hayan pasado varios meses ya, las empresas como Glovo y Uber, que son grandes plataformas, siguen ofreciendo los servicios a través de empresas de trabajo temporal o subcontratas. El objetivo de esto es conseguir condiciones dignas de trabajo para miles de empleados que se ganan la vida de esta forma.



La voz dentro del negocio 
Jorge Cuevas trabaja de rider para una de las plataformas de servicio a domicilio. Actualmente tiene 23 años y vive en San Cristóbal de La Laguna. Le hemos realizado varias cuestiones acerca del empleo que está ejerciendo.

Pregunta: ¿Conoces la ley rider?
Respuesta: La ley rider si la conozco junto a sus consecuencias desde el principio cuando entró en vigor hasta ahora que continuó trabajando como rider.

P: Desde las plataformas implicadas ¿Habéis recibido alguna notificación/información sobre las herramientas que vais a tomar respecto a la aprobación de la ley?
R: Si, recibí información desde la plataforma con la que trabajaba en ese momento.

P: ¿Habéis notado algún cambio desde que se aprobó?
R: El principal cambio directo hacia mi persona fue la pérdida de mi actividad laboral con la plataforma en la que solía recibir los pedidos. Al igual que la mayoría de mis conocidos. La otra parte fue contratada o solamente dejaron de ser autónomos para dedicarse a algo más. Fueron varias fases, al principio fue muy complicado debido a que las plataformas tenían que adaptarse a un modelo de funcionamiento que no se configura de la mejor manera a la demanda del mercado. Lo antes dicho me afectó directamente porque los repartidores que tendían a ser contratados por la empresa estaban trabajando mucho (al tener prioridad por ser empleados directos de la compañía) y los que continuábamos como autónomos perdimos hasta el 80% de nuestros ingresos en los 3 meses que el gobierno dio a las plataformas para acoplarse al nuevo "formato".

Luego de esos 3 meses mi cuenta de repartidor fue desactivada. Claramente, para una compañía encontrar un balance de trabajadores contratados y demanda es imposible debido a la manera tan irregular de este trabajo dependiendo de festivos, fines de semana, días lluviosos, horas de comida, partidos de fútbol, dias especiales como por ejemplo el 14 de febrero...son muchos los factores que hacen que este trabajo deba ser algo "libre" o "autonómico" sin horarios dictados por ninguna compañía.

P¿Es un trabajo que no va a cambiar? ¿Por qué motivo no ha cambiado?
R: Esto es un caso claro en el que un gobierno hace cambios directos a un gremio de trabajo con políticas propias en este caso "regulativas" con la excusa de ayudar al trabajador pero solo lo que hace es que se pierdan empleos y haya una estabilidad muy fuerte en el sistema. Actualmente me encuentro trabajando para otra plataforma que sí apostó por la libertad laboral de los trabajadores manteniendo un modelo que funciona perfectamente con la demanda de el mercado, las ganancias de los trabajadores, el servicio y el crecimiento de su clientela debido a que todo influye directamente cuando se presiona directamente a la empresa que se encarga de algo tan simple como poner en contacto un repartidor con un restaurante. Hay muchos beneficiados y muchos más a los que les han destruido el trabajo.

 
 
 

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